Inicio arrow Los Recuerdos arrow Otra vez Adios
Menú principal
Inicio
Contactar
Buscar
Música del Recuerdo
Zona de Videos
Gráfica
Cuenta tu historia
Relatos
Los Recuerdos
Enlaces
Poemas
Dibujos Animados
Servicioweb Noticias
Formulario de acceso





¿Recuperar clave?
¿Quiere registrarse? Regístrese aquí
Publicidad
     
 
 
 
     
     
   
Estadísticas
Usuarios: 432
Noticias: 230
Enlaces: 11
Visitantes: 175639

Otra vez Adios PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Frank Beltran   
"...Porque uno se da cuenta que quedara desgarrado y desquiciado para siempre, si tú te vas sin darle la menor importancia a los cuatro años de amor...vividos juntos, a los cuarenta y ocho meses de encuentros y desencuentros, de busqueda y descubrimientos, de aciertos y desaciertos..."

Te noto intranquila y como angustiada, y por eso, te pregunto que tienes. No me contestas, me pasas, en cambio, una carta y después te encierras en el dormitorio, con llave por dentro, justo cuando quiero pedirte que no lo hagas, que por favor conversemos, que no todo esta dicho, como lo crees, porque aún queda la ansiedad y el reconocimiento. Pero no me dejas, además de llave le pones también picaporte a la puerta, obligándome a contenerme, a conservar un resto de pudor de exaltada dignidad. ¿Qué saco entonces con rogarte? Bien se, que no me escucharas, porque las palabras para ti son inútiles, y lo único que quieres es irte, sin escándalo, en paz, sin rencores, ni tragedias. ¿Qué saco con pedírtelo? Miro la puerta cerrada, el sobre cerrado, y pienso en mi mundo de ahora en adelante también cerrado, y ya no lo puedo soportar, porque con el corazón reducido y duro tengo que poner la espalda en la pared y suspirar profundo para alejar el dolor de saberte pérdida para siempre. El dolor es muy hondo, sin embargo, estoy a punto de gritar y de suplicar, que por lo que más quieras no me abandones, que te necesito más de lo que te imaginas, pero no lo hago y me quedo escuchando como a la expectativa de un milagro, los ruidos que haces en el dormitorio, y por lo cual supongo que llenas maletas, cajas y bolsos. Trato entonces de convencerme de la invalides de mi insistencia, pero es en vano, y no tengo mas remedio para no sufrir, que decidirme y bajar al escritorio y allí ponerme a leer la carta, tu carta, sin esforzarme ya tanto por contenerme, porque mientras lo hago lloro como un niño, como el ser extraviado que soy, huérfano de amor, desamparado y solo.

En la carta me pides que no te busque , pues debo entender que si lo nuestro no a terminado como empezó (de pronto de la noche a la mañana), porque primero fue un gesto mal entendido y luego una mirada , y después una recriminación, un desden un silencio…conciente y doloroso, y si ha sido así y no de otra manera lo que creció entre nosotros para terminar separándonos, es porque tú y yo, tal vez intuitivamente lo queríamos, y por eso, yo ahora mas que nunca, debo comprender la situación como persona adulta, no como un adolescente inmaduro y terco; debo conformarme y buscar otra compañera, porque así soportare mejor la separación y no sufriré depresiones y tentaciones. Me dices también que ya no volverás a enamorarte, pues no es por otro hombre que me dejas, si no porque así la vida te lo exige y los hechos diarios… te vas para salvar nuestro amor, para que no se haga costumbre y solo exista respeto mutuo, para que no haga crecer costras ni espinas y se transforme en nada más que entendimiento y tolerancia. Yo tengo que entenderlo y ser fuerte, mas adelante, con los años, comprenderé mejor, porque tú también te sientes deshecha, pero te vas impregnada de mi, vuelta mas mujer y mas persona, gracias al amor que te he dado y que por dejarlo, no lo olvidaras jamás. Yo no entiendo bien todo esto, y mientras leo me digo : “ que no puede ser verdad que para ganarme, tienes que perderme y condenarme a este dolor sin nombre”, porque lo único que importa es estar junto a ti y oír tu voz tierna y tibia, tú voz que juro amarme para toda la vida, en las buenas y en las malas, como lo dijiste esa vez que te conocí y nos amamos en aquel parque, como te amo ahora a ti, sin tener en cuenta que la vida cambia…y el amor también, y que el sol que uno fue para el otro de repente se apaga y solo queda el fastidio, el cansancio, el menosprecio y la incomprensión, aunque uno siga y siga recordando al otro, sobre todo su figura alta y esbelta, sus ojos profundo y limpios, su pelo suave y delgado, su boca fina su risa abierta y espontánea, sus manos tersas y delicadas, su cuerpo ardiente, su piel enardecida…y sentir más fuerte las ganas de hacer alguna locura para que la mujer que uno ama, con toda la sangre y la vida no lo deje, “…porque uno se da cuenta que quedara desgarrado y desquiciado para siempre, si tu te vas, sin darle la menor importancia a los cuatro años de amor vividos juntos, a los cuarenta y ocho meses de encuentros y desencuentros, de búsqueda y descubrimientos, de aciertos y desaciertos, de testimonios precisos, de una realidad que yo no puedo negar ni sacar de mi, por más que lo desee, porque la voluntad no es tan poderosa como el sentimiento, ni como este amor que hoy siento por ti, y sin embargo, te vas, y te vas, sin regreso.

Los ruidos en el dormitorio cesan. La puerta se abre y tú, con maletas y bolsos en las manos, sales y empiezas a bajar lentamente las escaleras. Te miro y te encuentro más linda que nunca, me acerco y trato de ayudarte, pero me apartas y me pides que no lo haga porque es mejor que no te acompañe hasta el taxi, donde toda despedida sería peor, y no por si misma, si no por el daño que podría provocar. Te quiero decir que ningún daño es mayor, por más terrible que sea, que éste que ya siento, y que si tu me lo pidieras dejaría de lado todo último resquicio de dignidad y me arrodillaría y te suplicaría cuantas veces me lo exigieras para que te quedaras y no me dejaras así, con esta desesperación que me quema y me mata de a poco y no de una sola vez y para siempre, si no, como esperando algo mas doloroso todavía, y no lo hago y de nuevo lo pienso, porque se que tu no me lo pedirías nunca, amor mío, vida mía, ni tampoco me lo perdonaría si llegara hacerlo, porque tu fuerza de hembra no me concedería presiones con actos tan patéticos y burdos, olvidando todo mi orgullo, y por eso no lo hago, por esa dignidad que nos come el alma y se sobrepone al dolor, aún cuando nos morimos totalmente de adentro hacia fuera, y también por parecer ridículo ante tus ojos que no quiero que me odien, que no quiero que se vayan despreciándome después de haberme amado tanto en los días y noches de nuestro amor ya terminado, porque por tus gestos que me apartan y tus palabras dichas con voz firme y tu modo de salir hacia la calle sin mirar hacia atrás decidida hasta las ultimas a cortar todo nudo que te ate a mi destino, comprendo, (aunque no lo puedo resistir) que ya no eres para mi y que solo seguirás siéndolo en el recuerdo, es decir, una vez que aprenda a mirarte a la distancia, con frialdad y desapasionamiento, no como te estoy mirando ahora que te subes al taxi, y entonces siento ese dolor que ya no es soportable porque de pronto rompe todas las orillas y se desborda saliéndose por mi boca para gritar tu nombre como quizás nunca nadie lo ha gritado en el mundo, esta tarde de cielo despejado, de sol, de tierra húmeda y de pájaros haciendo sus nidos entre las ramas y las cornisas.

Tú escuchas mi grito y por un momento, pareces indecisa, pero de inmediato te rehaces y terminas subiendo del todo al taxi. El chofer cierra la puerta, maniobra el cambio, manipula el volante, acelera y se aleja a toda velocidad; se van contigo, mis esperanzas. Yo entonces quiero gritarte de nuevo y también implorarte, rogarte, pero me callo, porque de golpe en un acceso a la eternidad comprendo que me has cortado de raíz, cuando mejor crecía y que tan sólo me quedan los ojos para mirarte y buscarte en cada rincón, en cada retrato en cada mueble y adorno de esta casa que a quedado vacía y detenida en el tiempo. Quiero gritarte, pero el vehiculo se pierde al final de la calle entre los árboles y los faroles, te lleva velozmente, como huyendo, para no traerte jamás, mi pena…mi tristeza, mis sueños, crecen y crecen, por ello, porque la única verdad es que ya no estas y nada puede ser, si tu te has ido, amor mío, vida de mi vida… amor

 

Frank Robert.

Los Andes, 21 de Marzo de 1976

 
 
     
 
 
     

 

 
< Anterior   Siguiente >
Destacamos
¿Quién está en línea?
Hay 19 invitados en línea
Popular