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Nostalgias de Otoño

 


Estoy Triste...
“La oficina es templada, pero tengo frío. Más aún. Me siento extraño conmigo mismo y, por momentos, experimento el sano anhelo de salir a caminar como cuando era adolescente. Cada vez que tenía un problema; siempre que enfrentaba una dificultad, salía a caminar. Por sobre todas las cosas obtenía distracción, quietud espiritual, y paz absoluta pisando las hojas secas que el otoño quitaba a los árboles.

¡Que cosa más agradable sentir el crujido bajo el pie. Ese simple detalle, tonto o absurdo, aplacaba todo y abría las posibilidades de solución para cualquier tipo de problema.

Por lo general no media las distancias. Simplemente caminaba. Partía triste, deprimido, pensando en lo peor como salida al dilema. Sin embargo, una o dos horas después, el mundo tenía otra perspectiva. Ya no era el simple pisar de las hojas secas, había algo más. Jugaba con las pequeñas piedras, observaba los insignificantes detalles de las cosas que siempre pasan inadvertidas, había felicidad en el espíritu y la tragedia de horas antes, mirada desde un ángulo diferente, permitía superar la condición de hombre y por sobre todo, de ser racional.

“Las cosas y los objetos variaban notoriamente, después de la caminata…

En un principio todo era tosco, negro desagradable. Pronto cuando la paz alcanzaba el raciocinio, esos mismos objetos, a veces de formas monstruosas, pasaban por hermosos, con detalles finos y delicados. Quizás todo era producto de la imaginación de la juventud. Ahora la situación es diferente aunque anhelo volver a caminar por los largos corredores del parque, bajo el túnel fragante de los árboles mirando como otros buscan en la soledad del paseo la tranquilidad tan afanosamente deseada. Cuando solía caminar en esa forma, por lo general iba solo, con ambas manos en los bolsillos. Ni siquiera las retiraba de ellos al finalizar el paseo chuteando piedras, dando pequeños saltos, jugando como si fuera niño.

Más tarde, cuando era adulto, salía a caminar con Ella. Primero íbamos tomados de las manos sin pronunciar una sola palabra, unidos en un amor infinito, que, en ningún instante pensamos iba a terminar. Luego, era Ella quien se colgaba de mi brazo, se apretaba con fuerza contra mi pecho y a mi cuerpo buscando protección en esas noches ya frías ante la proximidad del nuevo invierno. Ninguno de los dos hablaba. Todo era silencio y ni siquiera había un gesto que hiciera cambiar el embrujo de la mutua compañía…

“Nada de besos; nada de caricias…”

Caminábamos tomados de la mano consiente del gran amor que nos unía. No habían promesas, pero si una enorme confianza que cimentaba aquello tan difícil de definir, pero que nos unía las 24 horas del día aunque no estuviéramos juntos. Solo al concluir el paseo nuestros labios articulaban palabras. Era para reconocer lo hermoso que era todo lo que nos rodeaba; lo lindo y apasionante que es vivir; lo fascinante de nuestro amor, y comentar lo triste que serían aquellos que vivían solos, sin nadie a su lado…recién entonces, con mucha timidez e infinita ternura nuestros labios se juntaban en un juego casi infantil. El beso frenético, apasionado, la entrega total de dos seres ocurría mucho después, quizás cuando ya nos cansábamos de rozar nuestros labios, las mejillas y de tomar sus cabellos de seda.

“Ahora no caminábamos…”

Si. Todo era distinto. Corríamos para abrazarnos y saltar sin importarnos nada. La gente miraba y seguramente pensaban que estábamos locos.Jamás en ese momento, ni por casualidad se nos ocurrió pensar que, el amor es el sentimiento más fugas y efímero de los que vive el hombre. Nadie puede desmentir su belleza, su pasión, la turbulencia de su existencia; pero en la misma forma dramática que llega…se va. El fin del amor no significa una agonía dolorosa. Es más que eso, es una muerte brutal. Muchos creen estar enamorados dejan ir al ser que aman. El verdadero amor, aquel que cala profundo destruye el corazón termina siempre en forma dolorosa, mancillando el espíritu, humillando al ser amado en su angustia por reconquistar lo perdido. Se suele rogar, y la crisis tiene tales perspectivas, que pronto el enamorado termina desolado, perdiendo el control de sus propios actos, trastornado por la desilusión y convencido que jamás, nunca más, volverá a enamorarse y a encontrar a otra persona que remplace a quien se fue de su lado.

“Es curioso…pero hasta en el amor hay un concepto errado del derecho de propiedad.”

El que ama, cree que el ser amado le pertenece; que nada puede hacer , ni realizar sin su autorización; que no puede ni mirar a nadie, ni hacer el más insignificante gesto sin su permiso. Por eso, cuando el ser adorado desaparece, el dolor es más profundo, porque hasta el orgullo sufre el impacto de la separación.

“Nada perdona aquello, no hay justificación posible…”

Tantos años después, no logro olvidarla. Hoy más que nunca quisiera tenerla a mi lado para salir a caminar en estos instantes de desesperación y frustración. Desde que se fue, no volví a deambular en busca de quietud para mi espíritu; muy por el contrario. Cuando intente repetir aquello, cuando trate de salir a pisar hojas secas y mirar como otros se acompañaban, un tremendo nudo ahogo mi garganta y profundamente herido, quise gritar, gritar como una bestia mortalmente herido o con pocas o ninguna posibilidad de subsistencia. ¡Como he tratado de superar todo ¡Pero no hay caso…la necesito y esa muerte dolorosa que se inició, hace años, al irse de mi lado, llega necesariamente a su fin.

Cada vez que he conocido a una muchacha cometo el error de hacer comparaciones. Siempre el saldo es favorable a quien se fue para siempre. No queda otro camino que retirarme y, aunque comprendo mi error no logro subsanarlo. Hay algo más poderoso dentro de mí que guía este destino que no elegí hacia abismos marcados por la soledad.

Esto no puede seguir y por eso quiero desaparecer, intento entrar en un mundo desconocido, y sin miedo, sin temor, incluso con un poco de felicidad, decido mi propia vida, mejor dicho, busco mi propia muerte anhelando una paz que en vida no tuve…

 

Frank Robert

Putre, 5 de Junio de 1978

 

 
 
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