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Escrito por Frank Beltran   
La Corbata
 

Colgó el teléfono y lloro como un niño. En el primer momento no atinaba a hacer nada, solo el nombre adorado se le subía a la boca como un rezo.

Hacía frío afuera, pero salió sin sobretodo, casi corriendo. En su cabeza giraba la frase llorosa de Cynthia: Frank, Marta…mi amiga no se como explicártelo; aquí los sollozos habían ahogado la voz, Marta está muerta

Frank llegó a la casa de Marta, había olor a flores, se aspiraba desde lejos. Entro nadie lo detuvo, la gente hablaba despacio entre si; nadie se preocupaba por su desesperación.

Cynthia se le acerco y le tendió una carta.
“Toma, léela, pero lejos, no aquí”
¿No puedo verla?

“El cajón esta cerrado, fue un accidente horrible; dentro de esta caja esta la Corbata,

 la había comprado para dártela el día de la reconciliación,

 pero no hubo reconciliación.

Mejor te marchas.

Muchos conocían y querían a Marta, con la gloriosa primavera de su edad y de sus triunfos.

Tenía la mirada tierna, definida, la sonrisa dulce, sus cabellos sedosos y negros como la noche, se mordía las uñas como una chiquilla, pero luego hablaba y sus palabras, eran como los de una mujer.

Frank no se atrevió a abrir la carta en la calle. Tenía un poco de miedo, sentía una extraña e inexplicable sensación de culpa. Presentía, pero quería pensar que su presentimiento era falso. Entro a un café, ahí no había vitrola y casi todas las mesas estaban desocupadas.

Desato la caja, en su interior había una corbata…Marta y El la habían visto muchas veces en la vitrina. Era para la reconciliación; la carta, el sobre decía; “Sr. Frank, con esa, su letra pareja y menudita.

“Querido Frank
¿Recuerdas? Todo empezó un 4 de Junio, de esto ya hacen 4 años…y cuanto he cambiado yo.
En aquel tiempo era apenas una chiquilla que aún no había aprendido a besar, por cualquier cosa me ruborizaba, todas las rosas de mi sangre estaban de turno para florecer en la cara.


La vida, todas las mañana, ponía en mi ventana una canasta llena de sueños, estrellas y sonrisas; yo tomaba con mis manos la cesta y gastaba todo lo que había en ella, lo gastaba a tú lado, ¡no dejábamos nada! Y por la noche, la ponía vacía en la ventana para que la felicidad la colmara nuevamente.


Después, todo comenzó a cambiar, la canasta quedó llena muchas veces y yo pensaba lo injusto que éramos al desperdiciar un regalo tan maravilloso.
Tú sabes que te entregue mi vida, que te he dado todos mis sueños, para que tú los cuides. Frank estoy triste, siento que poco a poco me vas abandonando y me quedo sola. La última vez que hablamos me dijiste que ibas a llamarme hoy en la noche para decidir sobre nuestro futuro.
Temes acaso que no podamos ser felices. Pero eres tú, con tus sombras, con tus dudas…con tú desconfianza, que estas matando nuestro amor, nuestra felicidad.


Ahora casi soy una mujer, pero me quedan aún algunas respuestas de infancia y no se esperar… ¿sabes cuantas horas faltan para que llegue la noche? No puedo soportarlo, hace ya un mes que no nos vemos, que eludes toda determinación definitiva; “dentro de unos días…? esa es siempre tu respuesta, esa es siempre tú huida y yo esperando, soñando con una esperanza, llorando, temiendo rezando.

En un instante de luz, te he comprado una Corbata, me pareció que así te tenía más cerca, que robaba un pedacito de futuro, “esta corbata, pensaba, se la pondrá un día y yo sé desde ahora que un día sé pondrá esta corbata”

¿Te acuerdas cuando me comprabas caramelos?, entonces me decías halagos, me hablabas con ternura, las cosas que se le dicen a una criatura.


Pero lo que más me gusta recordar es esto: “Un ramo de violetas por un beso”. Los he guardado a todos, dentro de los libros, entre mis ropas, en el primer cajón de mí escritorio… están secos, pero tienen una fragancia dulce, tan penetrante que me hacen pensar: ¿no será ese aroma un secreto llamado de los momentos felices que esas nos vieron vivir?

Cynthia me dice que esta noche me vas a decir todo lo mucho que me quieres. ¿Porque no me llamas antes?, si estuvieses seguro ya me hubieses llamado. El corazón me dice, que le devolveré intactas todas las canastas que la vida me deje en la ventana.

La proximidad de septiembre crea una atmosfera de transparente claridad. Estoy tan triste. Me iré a caminar, talvez eso me ayude un poco.

“Si alguna vez no estoy…piensa que me he refugiado dentro de tú corazón, siénteme en ti; yo nunca me alejare de tú lado”

Te quiero
Marta

La carta terminaba allí, pero Marta seguía, porque era una mujer infinita.

Frank lloro, lloro amargamente, con un llanto que parecía no terminar nunca. Sobre la mesa estaba la corbata que lo ataba a miles de recuerdos, y la carta, esa carta que le quebraba la vida, que le impedía dejar de llorar durante toda su existencia.

Una pregunta se habría en su alma como una flor: ¿Porque?, si la hubiera llamado… Ella creía que todo terminaba, pero El iba a decirle que sí, que la quería con toda su alma, que la necesitaba a su lado, que estaba seguro que iban a ser felices, plenamente felices.

Frank seguía llorando, sus lágrimas caían sobre el papel y borraban las palabras allí donde una mano de seda había escrito…

“…Pero lo que más me gusta es esto: “Un ramo de violetas, por un beso”…y un poco más abajo se leía…”Si algún día no estoy, piensas que me he refugiado dentro de tú corazón, siénteme en ti, yo nunca me alejare de tú lado”

 

Los Andes, Febrero 1978

 

 
 
 
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